UN MAESTRO CON LA MISIÓN DE ‘SEMBRAR ESPERANZA’ Y CONCIENCIA AMBIENTAL

Juan Carlos Jaime es el líder de un proyecto siembra ideas verdes en los estudiantes de Puente Aranda y cultiva el tejido social entre la escuela y la comunidad. Por eso hoy le decimos #GraciasProfe

‘Un proyecto de vida, para la vida y desde la vida’, en estas sencillas pero significativas palabras se concentra la esencia de ‘Sembrando Esperanza en el Territorio’, una apuesta pedagógica alternativa liderada por el docente Juan Carlos Jaime, que busca generar lazos sociales entre escuela y comunidad del colegio Luis Vargas Tejada, a través del cuidado del medioambiente y del aporte mancomunado en la solución de distintas problemáticas sociales que afectan a la localidad.

Para este docente, la escuela desde hace varias décadas está en deuda con la sociedad porque, como el mismo dice, “es un eje muy importante de la sociedad y allí confluyen diferentes procesos. Por eso es necesario que se articule con la comunidad y se siembre tejido social en todos los actores”, dice Juan Carlos, quien además de liderar el proceso, es un ejemplo de tenacidad y superación ya que el no contar con el sentido de la vista jamás ha sido un impedimento para lograr todo lo que se ha propuesto.

Esa indiferencia de las instituciones por las problemáticas sociales que padecen las comunidades y que afectan a los estudiantes cuando salen del colegio, motivó a este docente de ciencias sociales para estructurar un proyecto con el que busca que el colegio Luis Vargas Tejada se convierta en un miembro activo que le aporta a la comunidad del barrio el Tejar y a la localidad de Puente Aranda.

“Lo que hicimos con el proyecto, al ver las problemáticas sociales y medioambientales que se presentan en la localidad y en el barrio, fue articular a los diferentes actores para lograr un impacto mayor. Invitamos al Comité Ambiental del Colegio, que lleva varios años trabajando por la defensa de los recursos naturales de la localidad, al presidente de la Junta de Acción Local del barrio y varios profesionales de la Escuela Popular – Modep – que nos han ayudado a fortalecer varios procesos y empezamos a trabajar en la formulación de acciones para mejorar nuestro espacio”, comenta el profe Juan Carlos.

Sembrando esperanza con las manos en la tierra

Con el visto bueno de las directivas y con un grupo interdisciplinario conformado, el profe Juan Carlos y los estudiantes que acogieron su causa, empezaron a llevar a la realidad varias ideas para mejorar el barrio, siempre invitando y participando a la comunidad y a los habitantes del sector.

Una de las primeras acciones que emprendieron fue recuperar el parque adyacente a la institución, que estaba sumido en el abandono.

Con ayuda del profe de ciencias naturales, Vito Alonso Mendoza, muy versado en temas de agricultura urbana, el grupo de ‘Sembrando Esperanza’ se puso el overol para limpiar el parque, recuperar los murales del colegio y establecer la primera ‘Huerta Escolar y Comunitaria’ del barrio El Tejar, en la que cerca de 25 estudiantes, 17 jóvenes egresados de la institución y varios vecinos del sector trabajan en equipo y sin descanso para mantenerla y embellecerla.

La sabiduría campesina de los habitantes mayores del barrio, y el músculo y el entusiasmo de los estudiantes del colegio, logró hacer de esta pequeña pero hermosa huerta un símbolo de todo lo que se logra cuando colegio y comunidad trabajan en equipo y de la gran ‘cosecha social’ que brota cuando se ‘Siembra Esperanza en el Territorio’.

“El profesor Juan Carlos definitivamente es un maestro excepcional. Pese a su discapacidad el profe es el que ha impulsado todos estos procesos en el barrio. Él con su entusiasmo y su energía ha logrado congregar a los vecinos y unirlos con los muchachos del colegio. Es una labor titánica lo que él hace por el barrio, por eso yo le estoy muy agradecido”, comenta Mario Riveros, presidente de la Junta de Acción Local del barrio El Tejar.

Además de la huerta, el grupo trabaja en la implementación de ‘Ambiente Luv’, una emisora virtual para “establecer una comunicación fluida con la comunidad. Es para nosotros, pero también para la comunidad”, explica Willington Guzmán, un estudiante que se dejó contagiar por el entusiasmo del profe Juan Carlos.

También se organizan talleres, cine foros para reflexionar sobre las problemáticas actuales, perifoneo y campañas ambientales y para este año quieren construir una segunda huerta en el barrio.

Un maestro excepcional

Respeto y admiración son algunas de las palabras más recurrentes que utilizan los estudiantes para describir al profe Juan Carlos. Gracias a su ánimo incansable, a su entusiasmo para hacer de su clase una experiencia diferente y significativa y su don para convocar a la gente y sintonizarlos con una causa, el maestro Jaime se ha ganado el cariño de toda la comunidad académica del colegio Luis Vargas Tejada.

Para ellos, más que un docente que les ha enseñado de historia y geografía, Juan Carlos les ha cambiado la perspectiva. “El profe ha logrado que todos nos contagiemos por esta causa. Ha sido impresionante lo que hemos logrado con la huerta, porque yo al principio pensaba que eso no iba a durar. Nos demostró que sí se puede trabajar con la comunidad y ayudarnos los unos a los otros”, dice Linda Mendoza, una estudiante de 11º que atesora las enseñanzas del maestro ahora que está próxima a graduarse.

“Con el grupo lo que aportamos es mucha integración, que la gente se conozca, que los vecinos sepan quién vive en la puerta de al lado, que los esfuerzos que se hacen en el colegio por concientizar a los estudiantes sobre su responsabilidad ambiental y ciudadana se vea reflejado en el mejoramiento del entorno y en beneficio del barrio”, dice Érika Núñez, egresada de la institución y estudiante de psicología.

Trabajando hombro a hombro, metiendo las manos a la tierra y ensuciándose el overol, el profe ha desarrollado una relación muy especial con sus estudiantes y colaboradores.

“El trabajo con los chicos es muy chévere. Hemos desarrollado una relación muy especial porque ellos son mis ojos, con ellos salimos a la calle y ellos son los que me cuentan cómo está la huerta, cómo va el mural. No es esa relación de maestro distante que le impone a sus alumnos, es diferente”, dice el docente.

“Si uno se asume como operador del currículo, cumple su horario y chao. Si uno se construye como un maestro alternativo, puede abrir las puertas de la escuela y cambiar la cultura escolar. Lo que buscamos es crear un tejido social y comunitario y que los estudiantes y la escuela generen alguna incidencia en el contexto, que los muchachos no sean simples espectadores de la vida del barrio”, concluye.

 

Por Nicolás Rodríguez

Fotos Juan pablo Duarte

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